lunes, 5 de septiembre de 2011

SAN ANDRÉS DE LA BARCA

SAN ANDRÉS DE LA BARCA
Numerosas veces en los últimos meses, me he preguntado por qué el destino que nos lleva y trae a su capricho, que nos maneja cómo el viento lo hace con las banderas, estandartes y pandorgas, decidió en su día alejarme de mi alegres y cálidas tierras del sur para traerme a vivir a San Andrés de la Barca, un sencillo y desconocido (hasta hace bien poco) para mí, pueblo del bajo Llobregat. Actualmente gran productor industrial y del que según dicen sus nativos; antes, no hace demasiado años, (las gentes de mediana edad todavía lo recuerdan con añoranza) lo era de  aromas de pinos, ginesta,  heno, productos de huerta  y frutas; muy especialmente melocotones y uvas.
Al principio no le encontraba ningún sentido. Por más vueltas que le daba a mi cabeza no lograba encontrar explicación alguna, ¿Qué hago yo en un pueblo pequeño como este convertido en ciudad dormitorio, tan lejos de mis raíces? me preguntaba una y otra vez, sin encontrar la respuesta. Conozco bastantes lugares del mundo, aunque no tantos como quisiera, (me gustaría conocerlo entero) he sido bastante inquieto y vivido en numerosas ciudades a lo largo de mi existencia; Córdoba, Cádiz, Sevilla, Málaga, Las Palmas de Gran Canaria, Arrecife de Lanzarote, Madrid y Barcelona, esta última en dos etapas de mi vida.
Además de estas que he citado en las que he vivido un año o más, existen muchas otras ciudades que conozco bastante, casi tanto cómo las anteriores, en las que siempre pensé que me gustaría residir, al menos durante una larga temporada, ya que en ellas he experimentado sensaciones positivas y por uno u otro motivo,  de todas guardo gratos recuerdos; Lisboa con su impresionante desembocadura del Tajo y su gran belleza melancólica y decadente. Setúbal, con su alegre puerto, su sierra “Da Arrabida” con sus pequeñas calas sobre el impresionante océano Atlántico. Río de Janeiro con su alegre ambiente sensual y tropical, México DF por la similitud de su carácter español y por su inmensa, variopinta y numerosa humanidad. Nueva York por ser la capital del mundo actual le pese a quien le pese ¡Cuánto me gusta esta ciudad!. Jerusalén porqué en ella me  encuentro como en casa ¿No habré vivido en esta mágica ciudad en otra reencarnación?. Cork bonita y marinera ciudad del sur de Irlanda. Miami, donde en la actualidad paso gran parte del año y donde es más que posible que algún día me decida a quedarme, al menos para una larga temporada.  Y París y Cáceres y Toledo y Granada y Girona y muchas otras más que he visitado al menos una vez en mi vida y que en su momento me impactaron y que ahora no mencionaré, ya que si lo hiciera esta lista sería demasiado larga, casi interminable diría yo. ¡Siempre he sido viajero y me ha sido bastante fácil adaptarme a casi todas partes!.
Por eso me considero un ciudadano del mundo, es más del universo, diría yo ahora que eso empieza a ser factible, y por ello aborrezco los nacionalismos sin sentido y las fronteras.
De cada uno de estos lugares tendría mucho que contar; amores, trabajos, alegrías, sinsabores, conocimientos, experiencias y demás, especialmente de Madrid, ya que ha sido mi puerto, mi Itaca desde donde siempre partí y a la que siempre regresé.
Pero si hay una ciudad en el mundo que siempre llevaré conmigo, sin duda alguna que es Córdoba, en la que nací, a la que no puedo ir tanto quisiera, un par de veces al año,  y a la que espero algún día retornar para ya no abandonarla más.
Córdoba siempre ha marcado para bien mi camino. Córdoba ha sido mí puerto de refugio en la numerosas odiseas de la vida. Córdoba en la que tengo mis mejores amigos, ¡Cuanto le debo y quiero a Córdoba!
¿Pero y San Andrés de la Barca? ¿Por qué San Andrés de la Barca, ahora? Me he hecho esta pregunta unas mil veces sin encontrarle explicación alguna, hasta estos últimos días en que empiezo a verlo todo más claro. Han tenido que pasar diez años, para empezar a encontrar las respuestas a tan repetida interrogación.
Y es que aquí, en San Andrés de la Barca, es donde se ha ido completando el fragmentado puzzle de mi vida. Pero para entender el porqué, debo rebobinar los diez últimos años de la misma y remontarme al quince de Septiembre, de aquel lejano año de mil novecientos noventa y cuatro, en Madrid. ¡O mejor, creo que me debo de remontar mucho más atrás!  Creo que debo dar un largo salto en el tiempo, regresar a los años de mi infancia, aquellos en que se forjan las ilusiones a base de imaginación y quimeras entre juegos de niños y retornar hasta mis primeros e infantiles sueños. Sueños que aquí se han ido cumpliendo.
Es por ello, que hoy, en vísperas de partir para un largo viaje, del que ya hablaré, a destinos para mi desconocidos, incluyo está reflexión.


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