viernes, 2 de septiembre de 2011

LA LANGOSTA


LA LANGOSTA
Hoy quiero reseñar una noticia que, esta vez si me ha llegado, aunque muy de pasada, por los medios normales de comunicación. ¡Qué extraño al referirse a África, ese maldito continente! ¡Al fin una noticia por los medios de comunicación, aunque sea muy de pasada!
Una plaga de langostas incontrolable, ¡Si, incontrolable en pleno siglo XXI, en que el hombre todo lo controla, manipula y maneja!
Unos pobres hombres sin apenas medios ni recursos; no tienen semillas seleccionadas, ni buena tierra, ni tractores, ni máquinas sembradoras, ni herbicidas, ni insecticidas, ni fertilizantes, ni modernos sistemas de riego, ni cosechadoras. Sólo disponen de sus manos, de unas cuantas simientes que guardaron de la cosecha anterior, unos viejos arados romanos, su esfuerzo, alguna materia orgánica procedente del estiércol del poco ganado que poseen y su fe en que algún Dios se acuerde de ellos, no les envíe ninguna plaga y les facilite la climatología propicia y las lluvias suficientes en el momento adecuado.
Con ilusión y duro trabajo preparan sus sedientas tierras, siembran, llegan las primeras lluvias, germina la semilla y nace una pequeña planta. Todo marcha viento en popa, el año parece ser que va a ser favorable y la cosecha les va a permitir no pasar hambre. El grano está madurando, el fruto es abundante y de pronto…
Una gigantesca nube que avanza a una velocidad endiablada, el día se convierte en noche, ¿Qué sucede? Miles de pequeñas langostas que se posan sobre aquellos campos y en un segundo empiezan a devorar todo, son insaciables. Cunde el pánico -¡Ha llegado la langosta!-, gritan como desaforados.
Todos corren a sus campos intentando acabar con aquella tragedia, son conscientes de que eso es imposible con sus escasos recursos, pero a pesar de ello lo intentan hasta caer extenuados, gesticulando, machacándolos, prendiendo fuego, pero nada de eso es suficiente. Llaman a las autoridades, rogándoles y suplicándoles ayuda, pero estas bien poco pueden hacer, solo disponen de una arcaica avioneta y algunos insecticidas que les fueron regalados caducados por las grandes multinacionales, que con este regalo desgravaban de sus impuestos.
Cursan mensajes a las principales organizaciones internacionales: FAO, ONU y demás. Todas les prometen  convocar una reunión extraordinaria para abordar el tema. Lo hacen  y convocan una reunión para decidir el lugar donde reunirse. Mientras tanto, la plaga sigue devorando. Unos días después convocan otra reunión para decidir la fecha. La langosta come y come. Una vez acordadas las fechas y el lugar, convocan otra reunión, para decidir quienes deben asistir. La langosta ya está a punto de acabar con todo. Al fin, se convoca la reunión definitiva. La langosta ya ha arrasado.
La nube por fin levanta el vuelo en busca de otros campos, de estos ya no queda nada, solo la desolación. Han pasado tan solo unas pocas horas, en las que estos insectos han devorado todos sus sueños y la esperanza de un pueblo de no pasar hambre aquel año. Ahora, como siempre, pasarán a depender de la caridad internacional, si no, a morirse de hambre o emigrar.
Todo eso se podría haber evitado si en sus momentos se hubieran hecho las inversiones necesarias, si la solidaridad internacional hubiera funcionado correctamente y los países desarrollados en cuestión de horas, cosa posible hoy en día, hubiesen enviado una flota de aviones e insecticidas eficaces. Pero ya se sabe, que importa lo que pase en África ¡Ya les mandaremos las sobras de nuestras cosechas, antes de tirarlas al mar!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares